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El sistema de salud ha fracasado

Nos quieren ignorantes, angustiados y enfermos, de esa manera el dinero sigue generando dinero y naturalmente, concentrándose en pocas manos.

Al hablar del sistema de salud, resulta necesario saber de qué estamos hablando. La idea de sistema nos lleva a pensar las partes que lo componen, si lo observamos en la salud vamos a ver que quienes lo componen son las y los usuarios de salud, los prestadores, el Estado y el capital privado.

¿Por qué decimos que el sistema de salud ha fracasado?

Los avances en términos de ciencia aplicada a la salud son abrumadores día a día, el aumento de la expectativa de vida y calidad de vida en los países desarrollados también es evidente. Naturalmente no podemos decir lo mismo quienes nos ha tocado nacer en el tercer mundo o en el mundo en desarrollo, como queramos llamarnos, ese mundo tan necesario para que existan los países desarrollados, para que existan los seres humanos de primera y consecuentemente nosotros, los de segunda o tercera. Entonces porqué nosotros, del mundo subdesarrollado seguimos permanentemente hablando de enfermedades.

El sistema de salud occidental se sustenta en la presencia de enfermedad. Esto es evidente de ver cuando un individuo acude al sistema de salud. Según el modelo actual el acceso al sistema de salud se relaciona directamente con una pérdida de la misma. Es decir que nos acercamos a un hospital, clínica o lo que fuere cuando ya perdimos la condición de salud. Esto no es inocente ni casual, es la consecuencia esperable y para muchos deseable, de un sistema que centra su accionar en mantener a la población en situación de enfermedad o potencialmente enferma.

A lo largo de la historia hemos cambiado figuritas en relación a las enfermedades. En el siglo XX eran las enfermedades infecto-contagiosas la centralidad, hoy hablamos de las enfermedades de la modernidad, la vida moderna que nos enferma. Pensamos en el infarto agudo de miocardio como una de las principales causas de muerte, el cáncer, el accidente cerebro-vascular (ACV) que poco tiene de accidente, ya que se ha visto que es prevenible. Y así podríamos seguir enumerando las enfermedades de hoy y sus consecuencias.

¿Por qué la población debe mantenerse enferma o potencialmente enferma?

Siempre que sucede una situación para muchos no deseada, tenemos que pensar quienes se benefician de dicha situación. Obviamente mantener a la población enferma o potencialmente enferma es una consecuencia deseada y buscada por “los mandamás” del sistema de salud. Sólo basta decir que la industria farmacológica es la tercera industria que más dinero mueve en el mundo, como para darse cuenta de a quien o quienes les sirve que vivamos de esta manera. Sea a través del Estado, de la cobertura médica o del bolsillo del usuario los gastos en salud paradójicamente se utilizan para el tratamiento de la enfermedad casi en un 100%.

Si bien ha habido gobiernos en nuestro país que han trabajado en alguna medida en términos de salud, por ejemplo con el fortalecimiento del calendario anual vacunatorio para las y los más pequeños, promoviendo los Centros de Atención Primaria con un enfoque en la prevención, en líneas generales, no hemos tenido un proceso radical en esa cuestión. También es cierto y hay que decirlo, que son innumerables los factores que contribuyen a que trabajar en salud sea muy complejo y poco conveniente.

¿Qué aporta cada parte del sistema a este enfermo resultado?

Deberíamos pensarnos primero como usuarios de salud. Podríamos hacer el ejercicio de consultar en nuestro entorno si alguién ha hecho una consulta médica o con cualquier otro profesional de salud, en situación de salud justamente, con la intención de prevenir. Probablemente veamos que no es habitual ese tipo de consultas. Los controles de salud generalmente quedan relegados para las y los más pequeños. Por otro lado y muy articuladamente, la automedicación es una herramienta clave para que la población se mantenga enferma.

La gran mayoría de drogas que entran en la tan mentada automedicación son los analgésicos, el tratamiento del dolor. Es constante y muy fuerte la publicidad en medios de comunicación sobre distintas drogas que mejorarían el dolor. Si entendemos que el dolor es el sistema de alarma que tiene nuestro cuerpo para avisarnos que algo no anda bien y, fundamentalmente, nos damos cuenta de que ese dolor no es consecuencia de una falta de analgésicos, es consecuencia de que el uso que le damos a nuestro cuerpo hace que este funcione mal y nos lo avisa por medio del dolor, será evidente lo necesaria que es la automedicación para mantener a la población enferma. Para ello se articulan múltiples programas de deformación de la información, fundamentalmente a través de medios masivos de comunicación y de las universidades, para que la población general crea que tiene la solución a su problema en una droga de venta libre.

Tocamos un tema bastante sensible, las universidades, el núcleo de formación de las y los profesionales de “salud” en nuestro país. Con sus diferentes y sutiles matices, las universidades en argentina que forman profesionales de salud centran su currícula en el tratamiento de la enfermedad y no en la prevención de la misma. De hecho, existen tratamientos que han demostrado mayor efectividad para resolver enfermedad y que la misma “no vuelva”, pero intencionalmente, no son de conocimiento masivo. Con lo cual veremos que la ignorancia de las y los profesionales de salud es otro elemento clave para mantener a la población enferma.

Si vamos más hondo aún, podríamos pensar en los distintos programas de prevención y promoción de la salud que han demostrado eficacia para que la población no se enferme y vemos, sin sorpresa, que dichos programas no se implementan, ni por el Estado y mucho menos por el capital privado. Y ese es el punto al que queríamos llegar, el capital privado, el único que se ve beneficiado con esta situación de permanente o potencial enfermedad de la población.

Nos quieren ignorantes, angustiados y enfermos, de esa manera el dinero sigue generando dinero y naturalmente, concentrándose en pocas manos.

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